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Página 1 de 4 Capítulo 1 Salutación
1:1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según
la promesa de la vida que es en Cristo Jesús,
1:2 a Timoteo,
amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro
Señor.
Testificando de Cristo
1:3 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia,
de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día;
1:4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme
de gozo;
1:5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó
primero en tu abuela Loida, y en tu madre
Eunice, y estoy seguro que en ti también.
1:6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que
está en ti por la imposición de mis manos.
1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía,
sino de poder, de amor y de dominio propio.
1:8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro
Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones
por el evangelio según el poder de Dios,
1:9 quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no
conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y
la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos
de los siglos,
1:10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de
nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó
a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio,
1:11 del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro
de los gentiles.
1:12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo,
porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que
es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.
1:13 Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste,
en la fe y amor que es en Cristo Jesús.
1:14 Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que
mora en nosotros.
1:15 Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en
Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.
1:16 Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo,
porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis
cadenas,
1:17 sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente
y me halló.
1:18 Concédale el Señor que halle misericordia cerca
del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó
en Efeso, tú lo sabes mejor.
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