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Página 1 de 16 Capítulo 1Salutación
1:1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado
para el evangelio de Dios,
1:2 que él había prometido antes por sus profetas en
las santas Escrituras,
1:3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del
linaje de David según la carne,
1:4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu
de santidad, por la resurrección de entre los muertos,
1:5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia
a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;
1:6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados
a ser de Jesucristo;
1:7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados
a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo.
Deseo de Pablo de visitar Roma
1:8 Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto
a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo.
1:9 Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu
en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros
siempre en mis oraciones,
1:10 rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de
Dios, un próspero viaje para ir a vosotros.
1:11 Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual,
a fin de que seáis confirmados;
1:12 esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es
común a vosotros y a mí.
1:13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces
me he propuesto ir a vosotros
(pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros
algún fruto, como entre los demás gentiles.
1:14 A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor.
1:15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros
el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
El poder del evangelio
1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de
Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente,
y también al griego.
1:17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y
para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
La culpabilidad del hombre
1:18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad
e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;
1:19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se
lo manifestó.
1:20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad,
se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo
entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
1:21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios,
ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y
su necio corazón fue entenebrecido.
1:22 Profesando ser sabios, se hicieron necios,
1:23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen
de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
1:24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia,
en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre
sí sus propios cuerpos,
1:25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y
dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por
los siglos. Amén.
1:26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues
aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,
1:27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural
de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos
vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución
debida a su extravío.
1:28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó
a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;
1:29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad,
avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños
y malignidades;
1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos,
soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,
1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;
1:32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican
tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también
se complacen con los que las practican.
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