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Página 1 de 24 Capítulo 1David oye de la muerte de Saúl
1:1 Aconteció después de la muerte de Saúl, que
vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en
Siclag.
1:2 Al tercer día, sucedió que vino uno del campamento
de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando
a David, se postró en tierra e hizo reverencia.
1:3 Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él
respondió: Me he escapado del campamento de Israel.
1:4 David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me
lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla,
y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también
Saúl y Jonatán su hijo murieron.
1:5 Dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo
sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo?
1:6 El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine
al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su
lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo.
1:7 Y mirando él hacia atrás, me vio y me llamó;
y yo dije: Heme aquí.
1:8 Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo
le respondí: Soy amalecita.
1:9 El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí
y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida
está aún toda en mí.
1:10 Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía
que no podía vivir después de su caída; y tomé
la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía
en su brazo, y las he traído acá a mi señor.
1:11 Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo
mismo hicieron los hombres que estaban con él.
1:12 Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl
y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa
de Israel, porque habían caído a filo de espada.
1:13 Y David dijo a aquel joven que le había traído las
nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió:
Yo soy hijo de un extranjero, amalecita.
1:14 Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender
tu mano para matar al ungido de Jehová?
1:15 Entonces llamó David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve
y mátalo. Y él lo hirió, y murió.
1:16 Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma
boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de
Jehová.
David endecha a Saúl y a Jonatán
1:17 Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo
con esta endecha,
1:18 y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá.
He aquí que está escrito en el libro
de Jaser.
1:19 ¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas!
¡Cómo han caído los valientes!
1:20 No lo anunciéis en Gat,
Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón;
Para que no se alegren las hijas de los filisteos,
Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.
1:21 Montes de Gilboa,
Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni seáis
tierras de ofrendas;
Porque allí fue desechado el escudo de los valientes,
El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.
1:22 Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes,
El arco de Jonatán no volvía atrás,
Ni la espada de Saúl volvió vacía.
1:23 Saúl y Jonatán, amados y queridos;
Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados;
Más ligeros eran que águilas,
Más fuertes que leones.
1:24 Hijas de Israel, llorad por Saúl,
Quien os vestía de escarlata con deleites,
Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.
1:25 ¡Cómo han caído los valientes en medio
de la batalla!
¡Jonatán, muerto en tus alturas!
1:26 Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,
Que me fuiste muy dulce.
Más maravilloso me fue tu amor
Que el amor de las mujeres.
1:27 ¡Cómo han caído los valientes,
Han perecido las armas de guerra!
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